Innovación es un término de moda en los últimos años y por tanto del que se ha usado y abusado hasta la saciedad. La innovación es lo que salva a las empresas, los innovadores son lo moderno, sin innovación no hay crecimiento, no hay futuro, etc. Pero muchas veces, no se tiene claro a qué nos referimos cuando hablamos de innovación y a menudo se confunde con otros términos como emprender, creatividad o investigación y desarrollo (I+D).
Definiciones de innovación hay muchas, aunque todas tienen dos conceptos centrales en común.
La
definición "oficial" de innovación es la de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): «La innovación es un
proceso iterativo activado por la percepción de una oportunidad proporcionada
por un nuevo mercado y/o nuevo servicio y/o avance tecnológico que se
puede entregar a través de actividades de definición, diseño, producción,
marketing y éxito comercial del invento”.
Otras definiciones
nos hablan de «crear una oferta viable que es nueva de acuerdo a un contexto
y tiempo específico creando valor tanto para el usuario como para el
proveedor».
Pero
la que más me gusta, por su sencillez y simplicidad, es la que siempre he
oído decir a mi amigo Ken Morse: «La innovación es la comercialización con
éxito de una invención novel» o dicho de otra forma, la innovación es
invención más comercialización; el cómo convertir las ideas nuevas en
valor.
El
propio origen del latín de la palabra ya nos indica de qué se trata. El
prefijo in- procede de penetrar, introducir, estar en, mientras que el
resto de la palabra lo hace del latín novus, nuevo, es decir, la
etimología de innovación es la introducción de algo nuevo.
Miremos
la que miremos, todas se resumen en dos partes claramente diferenciadas:
la creación de algo nuevo y su puesta en valor. Así que repasemos la
definición por partes. Por un lado, estamos hablando de que para que haya
innovación, tiene que haber una invención novel. Es decir, algo que nos
hayamos inventado—en cualquier ámbito—, pero que además sea nuevo y no se
haya hecho antes o no se haya hecho de la misma forma.
La
novedad de una innovación puede surgir tanto de un descubrimiento científico
como de la recombinación de una forma novel de conocimiento y tecnologías
ya existentes. Y la novedad puede darse ya sea por aumentar la eficiencia,
la comodidad o el coste o por motivo.
La
segunda parte de la definición de innovación habla de comercialización con
éxito. Este punto es importante, porque para poder llevar a cabo una
innovación con éxito necesitamos que lo que inventemos tenga éxito
comercial, es decir, tenga una adopción importante dentro del segmento de
clientes al que nos estemos dirigiendo. A diferencia de un
invento, frecuentemente un evento aleatorio, accidental o circunstancial
no impulsado por razones económicas ni competitivas, la innovación tiene
como principal objetivo: la explotación comercial. Eso hace que en las
metodologías de innovación, el estudio de cliente objetivo o la estrategia
de comercialización tenga un peso tanto o más importante que la generación
de ideas o la gestión de la I+D.
Una fábula sobre la innovación en la empresa
La palabra innovación
parece haberse convertido en una suerte de mantra que nuestros directivos
repiten una y otra vez sin muchas veces entender
realmente de qué hablan… y sobre todo, cómo potenciar una cultura de innovación en la empresa.
Esta fábula, que se me ocurrió a raíz de una historia que escuché, creo que ilustra cómo solemos entender la innovación en las organizaciones, y algunas de las reacciones más habituales…
“Érase una vez una aldea situada en un isla perdida cerca de un país remoto. Las historias cuentan que su fundador, el venerado anciano Zabu, había llegado a la zona en un momento de necesidad, tras naufragar su barco y perder a buena parte de la tripulación.
Al llegar a tierra el grupo se había maravillado al contemplar el exuberante paraje, lleno de frondosos matorrales y rico en muchos tipos de fruta y animales… no les faltaría alimento.
El grupo deambuló sin rumbo durante varios días en busca de un lugar donde establecerse. El viaje era duro, ya que el grupo tenía que apartar laboriosamente la espinosa maleza para avanzar. Las provisiones comenzaron a escasear, y una mañana Zabu, al llegar a un claro despejado anunció que iba a partir en busca de una fuente de agua, ya que si no el grupo no aguantaría muchos más días.
Tres días después, cuando ya todos lo daban por muerto, apareció lleno de cortes y arañazos anunciando que había descubierto un pozo a un día de camino de la aldea, y que había despejado el sendero. Toda la aldea festejó la noticia, pues el hallazgo garantizaba su supervivencia.
Con el tiempo, lo que había sido un sendero difícilmente visible y lleno de espinosa maleza se fue convirtiendo en un camino despejado, ya que cuanta más gente lo recorría más fácil resultaba hacerlo.
Cincuenta inviernos pasaron, y la aldea prosperó. Era la mañana en la que la aldea celebraba que el joven Iwala abandonaba su niñez y se convertía en adulto, así que se le encomendó la tarea de ir a recoger agua del pozo, como era tradicional. Iwala era un joven despierto y curioso, y tras varios días de acarrear los cubos por el sendero que iba al pozo y hacer algunas exploraciones, se armó de valor y fue a hablar con el jefe de la aldea (su fundador hacía años que había dejado éste mundo).
- Creo que el sendero que utilizamos para llegar al pozo es demasiado largo y enrevesado. He estado dándole vueltas, y creo que podría encontrar uno más corto.
El jefe lo miró con cierto aire de suficiencia y le espetó:
- ¿Por qué te dedicas a perder el tiempo? El sendero que tenemos es bueno, y no necesitamos que un joven inexperto se dedique a idear fantasías. ¿Acaso te crees mejor que nuestro fundador?
- No, sólo creo que podríamos tardar mucho menos… – explicó el joven cohibido.
- Además, hace unos años hubo otro como tú que lo intentó y no hizo consiguió más que perder el tiempo…
- Pero quizás eran diferentes las circunstancias o el entorno–contestó con valentía Iwala.
- Bueno, si tan listo te crees, demuéstralo… pero no tendrás ayuda de ninguno de los hombres de la aldea. Busca tú solo ese nuevo sendero.
A la mañana siguiente el joven se dirigió resuelto a uno de los extremos de la aldea con su machete y comenzó a despejar un sendero. Sus conciudadanos lo observaban con una mezcla de burla y extrañeza, increpándole:
- ¿Por qué te dedicas a perder el tiempo si ya hay una forma de llegar al pozo?… Estos jóvenes con tal de cuestionarlo todo….
El joven desoyó los comentarios y se esforzó en la tarea día y noche, hasta que acabó por despejar un camino que llegaba al pozo en apenas unas horas. Aunque había trabajado duro, todavía era un sendero angosto y repleto de ramas que se trababan en la ropa.
Fue a anunciar su hazaña al jefe del poblado, que con una mirada escéptica acompañó a Iwala al inicio del sendero. Tras contemplarlo, dijo:
- Aunque sea como tú dices y hayas encontrado un camino más corto, es incómodo y estrecho… Tu puedes hacer lo que quieras, pero la aldea seguirá utilizando el que despejó nuestro fundador Zabu, tal como se ha hecho toda la vida.
El joven abatido le contó la conversación a su mejor amigo. Inmediatamente éste decidió que a partir de ahora ambos irían a recoger agua por el nuevo sendero. Su ejemplo empezó a cundir entre otros jóvenes, que se decidieron a usar la nueva ruta. Ya no era tan incómodo, puesto que el paso de los jóvenes había aplastado algunas de las espinosas ramas que anteriormente lo plagaban.
Una mañana, una mujer anciana, en lugar de mirar con superioridad a los inexpertos jóvenes que transitaban por el nuevo sendero, admiró su valentía y se decidió a recorrerlo ella misma. A la mañana siguiente decidieron hacerlo dos de los consejeros del jefe que habían asistido escépticos a la proeza… y a los pocos días, sin grandes anuncios ni aspavientos, toda la aldea estaba utilizando el nuevo sendero, y palmeando en la espalda al joven que lo despejó.
Con el tiempo, el nuevo sendero se convirtió en un amplio y despejado camino que utilizaba toda la aldea para ir a por agua… y el anterior fue inundado por la maleza.
Me parece que éste tipo de situaciones se repiten habitualmente en nuestras empresas…
No hay comentarios:
Publicar un comentario